2. NUESTRAS CARENCIAS TEORICAS
2-5. ¿Hacia la realidad virtual?.
El desarrollo imparable de la industria transnacional de las comunicaciones y de la cultura; el poder de la televisión como nuevo centralizador de la cotidianeidad y canal mayoritario de desinformación; el crecimiento espectacular de nuevas tecnologías en telecomunicaciones; la necesidad de hipercontrol del pueblo por el Estado; los cambios profundos de la cotidianeidad y vivencialidad del Trabajo al cambiar las condiciones de explotación generales, por citar sólo los casos más perceptibles, están impactando profundamente en la totalidad de los problemas individuales y colectivos. Y uno que nos interesa en el tema que tratamos, es el de la llamada "realidad virtual", es decir, la presunta capacidad del poder para sumergir al sujeto en una burbuja aislante en la que sólo reciba la información oficial, de la que no pueda salir intelectual y emotivamente para someterla a crítica.
La denominada "realidad virtual" surgió en respuesta a la demanda de los ejércitos por facilitar y abaratar la cada vez más difícil y costosa preparación de las fuerzas especiales, de la aviación, proyectiles teledirigidos, tanques y marina. Se desarrollaron habitáculos especiales que recreaban todas las condiciones de mantenimiento, aprovisionamiento, acercamiento al campo de batalla, exploración y tanteo, identificación y selección de objetivos, encuadre, tiro y corrección, desarrollo de combate, comunicación en combate, maniobras y tácticas varias en combate, avance o retroceso y evaluación de daños. Todo ello de manera interactiva e inmediata. La perfección alcanzada dio paso muy pronto a otros usos, desde industriales hasta de diversión. Casi de inmediato la industria de la cultura se apropió de la técnica empezando a producirse a gran escala para juegos de todas clases, incluidos los pornográficos y sadomasoquistas.
Las innovaciones permanentes están permitiendo toda clase de nuevas ramas de expansión. Actualmente las potencialidades de uso son tremendas: todas las áreas de la vida cotidiana pueden ser ya invadidas por estos aparatos pequeños como cascos de moto y capaces de hacernos sentir la muerte por asfixia en los fondos abisales de los océanos o el vértigo espacial de los astronautas.
Pero lo que aquí nos interesa es algo mucho más grave: una tendencia real a extender el principio de la "realidad virtual" a la sociedad en su conjunto. Se trataría de introducir a la sociedad en un habitáculo hermético sólo alimentado informativamente desde el exterior, de modo que la realidad objetiva y contrastable desaparezca totalmente existiendo sólo la realidad virtualizada por y mediante los instrumentos de contrainformación. Como si fuera un piloto en entrenamiento de combate, que recibe todos los datos desde la computadora exterior, la sociedad individualizada al extremo carecería de todo conocimiento propio, dependiendo absolutamente del poder de las transnacionales, del Estado, del Capital en suma.
Las tesis a favor de la inevitabilidad de su triunfo, de la imposición de la "realidad virtual" se basan en el desarrollo tecnológico de las telecomunicaciones y en el poder aislador del sistema. La TV en especial y otros artilugios electrónicos, son tenidos como las fuerzas centrales de esa "realidad" que consigue ocultar totalmente la realidad en sí y condenar al sujeto a la burbuja individual. Existen factores ciertos que confirman parte de esa tesis. Masas de población condenadas al aislamiento domiciliario y endogámico, como ancianos, solitarios, etc., acceden a los datos definidores del entorno mayoritariamente por los instrumentos que sustentan la "realidad virtual". De igual modo, determinados grupos sociales sólo se comunican entre sí de manera circular y sólo dependiente de sistemas tan alienantes como las llamadas "revistas del corazón", etc.; estamos hablando de grupos enteros de mujeres que no tienen sistemas de contrastación crítica con el exterior. También grupos de jóvenes que han creado su propia burbuja protectora alimentada por referentes que, al final, dependen de la industria cultural burguesa aunque tengan superficialmente formas de protesta.
La efectividad del sistema para alimentar desde y para sus intereses esos universos dispersos, incomunicados, es una de las características de la "realidad virtual". A la vez es una de las finalidades de la industria cultural pues diversifica el mercado y aumenta la posibilidad de beneficio: cuanta más variedad de demanda haya, por muy contradictoria que sea, más posibilidad de beneficio tiene una industria cultural capaz de producir simultáneamente Biblias y pornografía sadomasoquista, libros pacifistas y videos de Rambo, cuadernos de ecología y propaganda hiperconsumista. Se trata pues de una estrecha dialéctica entre la necesidad de valoración de la industria cultural y la necesidad de diversificación de su mercado. Por ello, las diferentes "realidades virtuales", que existen de hecho, son potenciadas al máximo. Ahora bien, la pregunta es: ¿se tiende a una única "realidad virtual" que engloba a todas las parciales, a todos los sujetos, a la sociedad en su conjunto?. Nuestra respuesta es que no.
Este no es un problema baladí. De hecho, muchas de las argumentaciones de los reformistas, pasotas, derrotistas, etc., giran alrededor de la supuesta omnipotencia de los medios y cada vez más, del poder manipulador total de la "realidad virtual" que ya es tenida como establecida. Incluso, se produce una mezcla incoherente, una sopa ecléctica entre determinadas interpretaciones de los cambios sociales, del impacto de los medios, de la supuesta "realidad virtual", de las evoluciones coyunturales en política, para garabatear un mensaje claudicacionista. A la vez, ante la supuesta fuerza de esa "realidad", se justifican simplificaciones desnaturalizadoras de los mensajes, de la propaganda, de los comunicados de prensa, etc., para, mediante su evaporización, pretender traspasar los muros aislantes. Por tanto es un debate político en el pleno sentido del término.
Pensamos que existen tres causas estructurales que, en diversos planos fenoménicos pero unidos ontológicamente, limitan el poder asfixiante de la "realidad virtual" única:
1) La profundidad, persistencia y arraigo de la estructura psíquica humana en sus anclajes inconscientes y subconscientes. Ya nos hemos referido con anterioridad a este tema así que no vamos a extendernos ahora. Sólo decir que en el plano de la "realidad virtual", por la misma naturaleza superficial de sus mensajes, la resistencia de lo oculto es impresionante. Vamos a poner un sólo ejemplo entre mil: está demostrado que la saturación de spots publicitarios en TV tiene efectos contrarios a los deseados una vez que se supera un punto medio de saturación conscientes.
2) Dado que ese punto medio de saturación exige novedades permanentes, ocurre que el sujeto está siempre bombardeado por mensajes contradictorios y muchas veces antagónicos entre sí. Es decir, una parte de la "realidad virtual" potencia por ejemplo el consumismo desaforado y otra, cualquier moda de pseudoecologista o alternativista. La contradicción siquiera formal no tiene por qué vivirse conscientemente, pero sí frena la efectividad última de la "realidad virtual". Pero la contradicción se vuelve antagonismo cuando la "realidad virtual" debe asumir las diferencias políticas, clasistas, sexuales, generacionales, nacionales, etc., de modo que, se quiera o no, las tensiones objetivo-subjetivas fuerzan esa "realidad", la resquebrajan y terminan rompiéndola. No podemos analizar aquí las diversas salidas que aparecen en eso momento.
3) Por último, incluso aunque se retrase durante largo tiempo ese proceso de crisis, incluso así siempre se llega al momento en el que la esencial naturaleza social, gregaria e intercomunicativa de la especie humana, se impone. Nada de la historia de nuestra especie, de sus conflictos y logros, desastres y adelantos, es comprensible al margen de dicha socialidad. Es más, la propia dialéctica de la productividad del trabajo y su tendencia latente y/o abierta, nunca exterminable de cuajo, a la superación del trabajo alienante y enajenador por el trabajo creativo y liberador, dicha dialéctica que podemos definir como la ley del mínimo esfuerzo, niega la victoria última de la "realidad virtual". Esta sólo se produciría en el imposible caso de total reprogramación artificial sociogenética y biosocial de nuestra especie, o sea de su extinción en cuanto tal. Entramos aquí en el debate sobre las biotecnologías en el que, desgraciadamente, no podemos profundizar.
Se está produciendo un hecho muy interesante y esperanzador: en contra del pesimismo de algunos, desde hace unos años nacen y crecen, lentamente aún pero lo hacen, grupos de denuncia, resistencia y oposición práctica a la "realidad virtual" en todos sus sentidos. Este es un campo nuevo y muy importante de intervención de las izquierdas que debemos abrir de inmediato en Euskal Herria y que supera con mucho al más restringido de la defensa de los derechos de información, etc. La lucha contra el tiempo televisivo, a favor de regulaciones en el horario de programación, creando formas alternativas de vida y de comunicación, desarrollando sistemas descentralizados, populares y democráticos reactualizando radios y tv libres, expandiendo la interactividad progresista, etc., es vital. Volveremos al tema más adelante pues cada día que transcurre sin empezar a planificar nada al respecto, es un día que perdemos y que regalamos al Estado.
La sobrevaloración de la efectividad de los medios y la creencia de la omnipotencia de la "realidad virtual", tiene efectos nefastos en dos cuestiones vitales ya reseñadas anteriormente pero que, por su importancia, reiteramos: una, minusvaloración de formas de concienciación directa, personales y colectivas a la vez que sobrestimación de las técnicas clásicas criticadas en este texto y otra, minusvaloración de las potencialidades de recuperación periódica de las luchas y autoorganizaciones sociales y populares a la vez que sobrestimación de las tendencias paralizantes e integradoras del poder. Consiguientemente se fortalece una visión teórico-política corroída por la inseguridad y la ansiedad permanente al ser incapaz de conocer la dialéctica objetivo-subjetiva de los conflictos.
O dicho de otro modo, la sobrevaloración conlleva la incapacidad de superar el lastre teórico-político heredado del pasado y que, con diversas e incluso opuestas concepciones, siempre ha terminado por aceptar directa o indirectamente la lógica del poder. No negamos la efectividad cierta de los medios, de la industria comunicacional y cultural, de las diversas "realidades virtuales" y los esfuerzos del poder para unificarlas en una única "realidad virtual" aisladora y desestructuradora. No lo negamos sino que somos los primeros en reconocerla y precisar sus límites. Pero tampoco debemos caer en el juego contrario, en la magnificación paralizante. Precisamente, y se puede demostrar con ejemplos contundentes, las transnacionales de la desinformación son las más interesadas en publicitar e hinchar artificialmente su poder de penetración. Cuanto más lo logren más apoyo obtendrán de los Estados y poderes ocultos, más inversiones atraerán hacia ellos y más encargos obtendrán de las empresas capitalistas.
2-6. Conciencia e ideología.
El MLNV está atado en su praxis político-comunicativa al plomo de la triple interpretación que existe en las izquierdas sobre el concepto clave de ideología, aunque su práctica coincida con dos de ellas. Triple interpretación que encubre el choque de definiciones opuestas -la de Marx y la de Bernstein- y las imprecisiones y ambigüedades de una intermedia -la de Lenin- que tiene aciertos y errores.
La primera definición es la de Marx y Engels: elaborada durante años, recorre la totalidad de su obra y culmina con una compleja y rica teoría de la ideología como falsa-conciencia-necesaria que invierte la realidad y tergiversa su conocimiento especialmente en problemas centrales y decisorios como la explotación, la libertad, la mercancía y el trabajo, etc. Es una visión crítico-negativa, dialéctica y por tanto capaz de dar alternativas de solución. La segunda, la de Bernstein y en general, la socialdemócrata, que alimentándose del evolucionismo gradualista y del positivismo dominante en su momento, más la imposibilidad del acceso a los textos clásicos y apoyado en el prestigio protector de Kautsky, Mehring, etc., cambia radicalmente el concepto marxista y lo convierte en su contrario: la ideología como algo positivo, es más el marxismo como ideología.
La tercera, de Lenin, que sin conocer los textos fundamentales de Marx y Engels al respecto, no acepta la de Bernstein pero tampoco llega a la profundidad de la de Marx. Para él, la ideología no es ni esa visión positivista de Bernstein ni esa falsa-conciencia-necesaria de Marx; es un concepto neutro que sirve para definir el conjunto de ideas de las clases en lucha y para identificarlas. Conociendo sólo los textos menos ricos y menos profundos de Marx y Engels al respecto, Lenin, empero, supo desvincularse de la superficialidad y grandes peligros de la definición de Bernstein, y aunque llegó a adelantar intuitivamente nociones válidas de ideología en sentido marxiano, sobre todo en los últimos años de su vida, no pudo sin embargo evitar que las lagunas de su definición formaran con los años y la degeneración estalinista, un inmenso pantano que engulliría al grueso de las izquierdas.
No podemos estudiar aquí las evoluciones posteriores de esos tres conceptos de ideología. Bástenos decir que, de modo general, todas las corrientes autocríticas y revolucionarias han visto siempre la urgente necesidad de volver a las tesis de los clásicos porque, significativamente, son el engarce del materialismo histórico con las grandes aportaciones críticas posteriores, sobre todo en el decisivo problema de la concienciación revolucionaria y, lo que nos atañe fundamentalmente, el de la conciencia nacional del Pueblo Trabajador.
Pues bien, por las razones que hemos analizado en el cptº 1 y en el aptº 2-1, el MLNV está atrapado en la doble red del bernsteinianismo y de la de Lenin. No usamos el término "leninismo" pues éste es una construcción artificial y anti-Lenin hecha por el estalinismo. Puede sonar fuerte lo aquí dicho, pero es así. Y como sucede siempre que el criterio de la praxis manda sobre la comodidad del dogma rutinario, es la práctica de ETA, es ETA, lo que reequilibra la balanza y corrige las caídas periódicas de la balanza hacia la derecha.
Naturalmente la práctica de ETA es mucho más que su accionar armado: nos referimos a ETA como unidad simbólico-material, referente estratégico y, a la vez, permanentización del momento fundacional del abertzalismo. Las constantes que recorren todas las escisiones de ETA y del MLNV, con sus diferencias lógicas, demuestran lo dicho.
Esa doble red es notoria en cuatro prácticas problemáticas, es decir, prácticas que al incidir en realidades complejas requieren métodos de pensamiento, organización, intervención y seguimiento dialécticos, que asuman la contradicción y la naturaleza problemática del asunto. Justo todo lo contrario de la rutinariedad de la que se hace gala. Las cuatro prácticas tienen una relación interna y directa con la política comunicativa del MLNV y, por último, en todas ellas se constata, de un lado, la tensión entre conciencia e ideología y, por otro, la persistencia de los tópicos bernsteinianos y de las ambigüedades del "leninismo" sacralizado. Son las siguientes:
1) Los ciertamente escasos esfuerzos del MLNV para asentar en un conocimiento exhaustivo de la realidad social vasca, de las estructuras internas y sus cambios, las propuestas políticas y las alternativas. Sólo muy recientemente se ha comenzado tal esfuerzo con cierta sistematicidad. Tal atraso ha sido suplido mediante interpretaciones superficiales de lo real, al más puro estilo positivista y gradualista, que llegó a la culminación de su gloria en el período 1986-1988, y volvió a renacer aunque no con tanta fuerza poco antes de 1992. No hace falta hurgar mucho para encontrar en la concepción socialdemócrata de finales del siglo XIX y comienzos del XX un precedente al respecto. Al igual que lo encontramos en los dogmas "leninistas" fabricados desde mediados de la década de los años '20. Existe una identidad sustantiva común a ambas: la torpe interpretación de la conciencia social y de su ascenso, como efecto automático de las condiciones objetivas. La manipulación y tergiversación estalinista de la tesis de Lenin del conocimiento como reflejo, ha permitido "teorizar" y justificar dicha superficialidad mecanicista que tanto daño ha hecho a las izquierdas y al MLNV.
2) Unido a lo anterior, pero en un nivel más concreto, los sucesivos intentos de mejorar la acumulación de fuerzas y de aglutinación de sectores, lastrados por ese automatismo aunque de manera decreciente, han adolecido también de una falta de conocimiento de la composición nacional y cultural de la población de Hegoalde. Este decisivo aspecto ha sido ocultado por toda serie de generalidades abusivas sobre la identidad vasca que ha impedido elaborar tácticas concretas de acercamiento e intercomunicación con esas amplias masas sociales no vascas y/o en proceso de vasquización compleja y voluble. Hemos repetido así la indiferencia pasmosa ante el componente nacional interno que tenía, en su contexto propio, el modelo socialdemócrata. Lo más patético es que pudiendo haber aprendido del propio Lenin, el MLNV se ha dejado llevar cómodamente por los manuales de "leninismo" al uso. De este modo, nuestra política comunicativa relacionada directamente con cerca del 60% de la población de Hegoalde ha sido en exceso simplona, lineal, mecánica y pobre. Basta una palabra: superficial. Por ello, cuando en parte respondiendo a esa superficialidad nuestra, el voto llamado "español" (ésta sola calificación nos desautoriza y demuestra nuestra ignorancia supina, pues hay también otras naciones oprimidas dentro de "España") sale otra vez a la superficie electoral, al MLNV se le rompen los esquemas completamente.
3) Simultáneamente se mantiene una caótica política institucional. De un lado, no actualizamos ni redivulgamos las razones de nuestra línea al respecto, con lo que, primero, damos bazas al Estado para manipular a su gusto y segundo, no rentabilizamos el distanciamiento creciente de la vida política callejera, real, popular, de la politiquería parlamentaria. De otro lado, nuestra acción parlamentaria es caótica, desarticulada y carente de continuidad y sistematicidad no en el sentido de que debiera acudirse siempre, sino de que cuando se acude, se hace sin utilizar todos los recursos propagandísticos y divulgadores. Damos así una imagen penosa, muchas veces de desconcierto, otras de oportunismo y casi nunca de coherencia; imagen tanto más triste cuando se compara la presencia sistemática -incluso para las cosas más nimias e insustanciales- en el Parlamento de Nafarroa con la realizada en el tercio vascongado. Tal desbarajuste ha escapado ya al control siquiera formal de las bases del MLNV, lo que impide rentabilizarlas y hace que algunas ¿muchas? sean incomprendidas. Al margen de esos errores significativos e inquietantes, somos buenos alumnos de la intervención parlamentaria de los bolcheviques en la Duma. Pero, desgraciadamente, nos estamos poniendo ya a la altura de los socialdemócratas en la mayoría de las diputaciones y ayuntamientos, en donde los niveles de tensionalidad y crítica radical están cediendo ante el poder absorbente y disolvente del engranaje.
4) Por último, resultado de las tres precedentes pero con una autonomía propia, la efectividad comunicativa de los txokos, herrikos y sedes de HB en barrios y pueblos está descendiendo en picado. Cada equis tiempo se intenta reactivar su capacidad pero una serie de circunstancias específicas y generales terminan frenando esos esfuerzos. En el cptº 4 estudiaremos las fuerzas que actúan negativamente en esta situación. Los txokos están repitiendo el camino de burocratización recorrido en su tiempo por las sedes de la socialdemocracia alemana e incluso de las Casas del Pueblo del socialismo estatal. Similitud llamativa pues entonces y ahora, si bien a diferente escala, existía la represión y el control policial. La burocracia puede nacer y crecer durante un tiempo dentro mismo de la pelea, en los momentos más duros y tensos inclusive. Pero a la larga tiende a perpetuar su status, estabilizar su poder y quitar hierro al enfrentamiento. Simultáneamente, como efecto y causa interna, la burocracia adecua la política comunicativa a sus cambios y éstos, en un círculo retroactivo, refuerzan la burocratización. Así ambas, burocracia y licuación de mensaje, se impulsan mutuamente. Al final, nadie sabe si fue antes el huevo o la gallina. Lo peor de la degeneración descrita es que el virus, como el del Sida, se incuba y multiplica sin síntoma alguno dentro de los cuerpos más sanos, en y durante la lucha, dentro de la pelea.
Los cuatro casos analizados tienen unas repercusiones directas y unos engarces esenciales con el debate de la ideología y de la conciencia. Al no comprender que la ideología es la falsa-conciencia-necesaria, no se comprende que la concienciación ha de ser un esfuerzo totalizante, global, permanente y crítico. Al identificar ideología con conciencia, como hace Bernstein y en cierta forma Lenin, se simplifica excesivamente el problema hasta reducirlo a la simple acción propagandística, divulgadora y reiterativa de mensajes incapaces por su superficialidad de penetrar en las raíces de la alienación. Al neutralizar el concepto de ideología, como hace Lenin, se desdibuja el límite del enfrentamiento -esta es una de las causas por las que en nombre de Lenin, que no de Marx, se ha podido justificar un determinado reformismo- y se abre la puerta a un reformismo encubierto, tapizado con la fraseología revolucionaria que él tanto criticara.
2-7. Conclusión
El grueso del MLNV es heredero de una corriente teórico-política que no ha podido recuperar la ventaja del capitalismo en materia propagandística, en general. Esa herencia se ha ido materializando en las sucesivas escisiones dentro de ETA y a otra escala del MLNV, delimitando siempre, grosso modo, dos grandes opciones y campos de intervención: una, la que anteponía las sucesivas modas teoricistas exteriores a las prácticas nacionales y otra, la que insistía en la necesidad de desarrollar desde y para la lucha propia los propios conocimientos. La primera ha minusvalorado el papel central de la identidad profunda y sus formas de resistencia. La segunda, aún basándose en ellas, no ha podido evitar el periódico conflicto con nuevas modas teoricistas. Si eso se daba dentro de ETA, en el MLNV penetraron concepciones y hábitos no muy distanciados de las modas exteriores al uso.
Una de las peores lacras dejadas por esa herencia ha sido y lo es aún la aceptación del mito de la comunicación social y la sobrevaloración de la efectividad de los medios de comunicación de masas. Esa comunicación existe, es cierto, pero también existen otras y, lo que es más importante, su naturaleza y medios de expresión le hacen ser una pieza del poder, cosa que sucede en menor grado en las otras formas y contenidos de comunicación. Además, la personalidad profunda, la estructura psíquica individual y colectiva, también dividida en clases, naciones y sexo-géneros, permanece fuera del alcance de esas técnicas comunicativas. Para intentar llegar a ellas, al menos al subconsciente, el poder emplea masivamente la psicología, el psicoanálisis domesticado, etc. Pero las izquierdas seguimos sin enterarnos de las posibilidades existentes también para nosotros.
Todo ello se agrava por la evolución de la industria cultural y comunicacional a partir de los '6O en el capitalismo y de comienzos de los '8O en el Estado y Hegoalde. Los efectos inmediatos y mediatos de la industria cultural son tremendos y el MLNV no está a la altura de los requerimientos de defensa y respuesta debido, entre otras cosas, a la herencia que ahorca. La industria cultural empieza a arrasar con las capas externas de la personalidad colectiva y pretende bucear hasta las más profundas para destruirlas y desnacionalizarlas. Necesita imperiosamente lograrlo porque es una industria que depende de su capacidad de producir y vender mierda cultural y mentira contrainformadora. Esta es la terrible amenaza de la nueva rama productiva creada por el capitalismo.
Pero por ello mismo, la industria cultural va estrechamente unida a los poderes político-económicos estatales y continentales y a la expansión de las transnacionales de la desinformación a escala planetaria. La industria cultural se convierte entonces en un instrumento de agresión planificada contra las clases, naciones y sexo-géneros. Son muy estrechos los lazos e intereses comunes que simbiotizan a esa industria con el poder estatal, continental y transnacional. La carestía, complejidad y rápida obsolescencia de las nuevas técnicas en telecomunicación refuerzan la simbiosis. Los pueblos pequeños se ven así enfrentados a varios monstruos tentaculares. Carecemos no sólo de un programa mínimo de respuesta contra la invasión alienígena sino, lo que es infinitamente peor, de una idea adecuada de la gravedad del problema en sí: el MLNV desconoce a lo que se enfrenta en esta cuestión capital.
En estas condiciones surge el debate sobre la implantación real o sobredimensionada de la "realidad virtual". Existe una tendencia objetivamente impulsada por las transnacionales de la cultura en ese sentido, pero los problemas que deben superar para llegar a ella son tantos como la decodificación sociogenética de nuestra especie. Sin embargo, sí existen determinadas pequeñas "realidades virtuales", ghettos grupales y burbujas individuales que sobreviven como microcosmos alimentados por la industria cultural. Ahora bien, de ahí a dar por existente la "realidad virtual" como algo ya definitivo, ese salto al abismo teórico y práctico, es suicida. Peor, lo dan quienes a falta de argumentos factibles necesitan tópicos abstractos para justificar su abandonismo, pasotismo o entrega y paso con armas y bagajes al bando del Estado.
En resumidas cuentas, una de las causas de tanta incapacidad y de la existencia de mitos y tópicos insostenibles es la aceptación acrítica del concepto socialdemócrata de ideología, y del concepto leniniano sobre el mismo tema. O sea, al no saber ni teórica ni prácticamente las virtualidades actuales de la tesis marxista de ideología como falsa-conciencia-necesaria, el MLNV tiende una y otra vez a reactivar las viejas lacras del pasado cuando precisamente el poder moderniza y perfecciona sus instrumentos de dominio. Menos mal que el criterio de la praxis consustancial a ETA como referente y nudo gordiano, impide que esas lacras crezcan demasiado, pero aún y todo así hacen daño.